Freak y perturbadora

El 14 de julio desembarca en el MALBA En el principio, un recorrido por la obra de la

ARTE

FREAK Y PERTURBADORA

El 14 de julio desembarca en el MALBA En el principio, un recorrido por la obra de la fotógrafa neoyorquina Diane Arbus.

Diane Nemerov era la niña mimada de una rica familia judía de Nueva York, dueña de tiendas de ropa en Manhattan. A los dieciocho años conoce a Allan Arbus, un fotógrafo de moda, con quien se casa y empieza a trabajar como asistente de arte para producciones destinadas a revistas como Vogue. De él aprende lo básico del arte de la fotografía. De él toma el apellido. Pero Diane Arbus (1923-1971) nace artísticamente cuando consigue sumergirse en las oscuridades de sí misma y cuando entiende algo que decía su maestra, la fotógrafa Lisette Model: una fotografía tiene que perturbar al otro. Diane Arbus nunca pudo olvidar esa frase.

El centenar de imágenes que integran la exposición En el principio recorren un arco en la obra de Diane Arbus que va desde mediados de los años cincuenta hasta fines de los sesenta. Son fotografías urbanas, donde se capturan personajes solitarios que transitan una frontera tanto social como emocional. El año 1962, en la biografía de Arbus, es un punto de inflexión en su desarrollo como artista porque es el momento en que cambia su cámara Nikkon por una Rolleiflex gran angular con la que buscaba una mayor definición en la imagen y un encuadre más cerrado para sus personajes. En el principio, que inaugura el 14 de julio en el MALBA, exhibe el modo en que Diane Arbus se construye como artista. Su deambular por las calles de Nueva York o por los rincones de Atlantic City son exploraciones en que, a partir de la prueba y el error, Arbus ajusta esa mirada distorsionada sobre el mundo que la convirtió en un referente.

La secretaria en su escritorio detrás de un vidrio, los trapecistas de circo, la mujer de tapado sentada en el colectivo, personajes disfrazados de Papá Noel en una esquina de la ciudad, las escenas de amor en cines oscuros, un fotograma del Drácula interpretado por Bela Lugosi, bailes de la alta sociedad, chismes contados al oído, el transformista y la stripper, los émulos del Jim Stark de Rebelde sin causa que juegan al billar en NYC o el chico que sostiene una granada de mano en el Central Park: algo exhiben las miradas de esos personajes. Una felicidad efímera, cierta locura inevitable, rasgos de una violencia contenida. En su fascinación por los seres marginales, por los freaks, por los que fueron dejados de lado, Arbus encuentra un espejo donde se refleja su lado oscuro.

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